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"Suicidio y violencia infligida"

  • 12 mar 2016
  • 2 Min. de lectura

La violencia autoinfligida (violencia contra si mismo) comprende el comportamiento suicida y las autolesiones. El primero incluye pensamientos suicidas, intentos de suicidio también llamados “parasuicidio” o “intento deliberado de matarse” en algunos países y suicidio consumado. Por contraposición, el automaltrato incluye actos como la automutilación.

La podemos ejecutar en forma individual, es decir, que en forma personal podemos ejecutar en nuestro cuerpo violencia física o mental, generalmente se da entre los jóvenes, un ejemplo claro lo tenemos al perforarse el lóbulo auricular (la oreja) al colocarse infinidad y variedad de aretes y pendientes; otro lugar muy común para perforarse es la lengua para colocarse los llamados piercing así como en diferentes partes del cuerpo y que obviamente les produce dolor y algunos otros placer. En algunos de estos casos acuden con especialista, tal vez en la medicina para que se los aplique.

La violencia autoinfligida en grupo, es cuando se reúne un grupo de personas con la intención de inyectarse algún tipo de droga y que al pincharse alguna parte del cuerpo con la jeringa les produce una alteración en la piel y como consecuencia dolor, por mínimo que sea el dolor, pero al fin es dolor. Aquí existe un doble daño, de acuerdo a la definición expuesta al inicio, ya que la droga suministrada le va a producir un daño cerebral irreversible, debido a su adicción y este efecto va a ser en atención a la sustancia suministrada y de la que en su oportunidad hablaremos.

Para concluir tenemos entonces que la violencia no es inevitable. Pero podemos hacer mucho para arrostrarla y prevenirla.

Es posible proteger a los individuos, las familias y las comunidades cuyas vidas destroza cada año, y hacer frente a las causas fundamentales para producir una sociedad más saludable para todos.


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